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03 de Marzo de 2011
Es fácil para nosotros pasar rápidamente por la conocida frase "Jesús es Señor" sin pararnos a ver sus implicaciones.
No obstante, creo que esta frase encierra el epicentro de nuestra fe y de nuestro ministerio discipulador, la cual al ser no solo proclamada sino vivida, desencadenará la realidad de la vida plena.
Es difícil entender bien esta frase sin considerar el famoso texto de Deuteronomio 6:4 y su contexto. "Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es" fue dicho a personas que vivían en una cultura profundamente religiosa en la que la vida estaba dividida por la influencia de diferentes dioses. Había dioses encargados de las cosechas, dioses encargados de la política, de la guerra, de la vida familiar etc etc y cada persona debía mantener su adoración a los mismos para conseguir sus favores y evitar sus castigos. Es en medio de este contexto que la Shemá (Deuteronomio 6:4) es profundamente revolucionaria: hay un solo Dios a quien pertenecen todas las áreas de la vida y es solo a él, y a nadie más a quien debemos servir en todo.

Quizás pensamos que esta realidad descrita hasta ahora tiene poco que enseñarnos en nuestro contexto "no politeista" en el S.XXI, sin embargo, veo la vida de muchos jóvenes y no tan jóvenes que viven hoy una fe en Jesús manifestada prácticamente solo entre cuatro paredes o actividades programadas concretas (campamentos, eventos evangelísiticos etc.). Fuera de tales terrenos, parece que nuestra fidelidad corresponde a otros dioses fuera del de la Biblia. A veces, la diferencia entre un cristiano y un no cristiano, tiene que ver con que el primero pasa tiempo en algunas actividades "sagradas", que no siempre tienen mucha relación con la vida cotidiana y cuando llega el tiempo de vivir en medio de los estudios, del trabajo y de la vida familiar hay poca o ninguna diferencia con los que no son cristianos. Por poner un ejemplo; tengo la percepción de que el dios que gobierna hoy los negocios es el mismo dios al que sirven cristianos y no cristianos.
Sería tonto por mi parte no ver la utilidad que actividades como reunión de jóvenes campamentos, vigilias o tiempos de alabanza etc. pueden tener en medio de nuestras vidas y ministerios. Sin embargo, cuando estas actividades están desligadas (y a menudo lo están) de la realidad de que "Jesús es Señor de todo" y por tanto no se preocupan de enfocarnos a servirle y adorarlo en medio de nuestros estudios, trabajo, familias etc., estas actividades pueden ser perfectas para ayudarnos a no ver a Dios fuera de nuestras estructuras organizativas, lo cual es una desgracia. Esto se acentúa mucho más cuando nuestro ministerio está basado en eventos en vez de procesos, y por tanto estas actividades no forman parte de un itinerario que va más allá de solo cumplir con objetivos de programas muy atractivos. A esto se le une que es difícil considerar estos programas como "sagrados" sin decir que lo que está fuera de ellos es "profano" o "secular".
Si entendemos como secular todo lo que está separado de Dios, hemos de considerar una frase que a mi personalmente me ha revolucionado: "nada es secular (es decir, separado de Dios) excepto el pecado"
¿Has tratado de leer el pentateuco?, es complejo ¿verdad?, y más cuando en occidente estamos acostumbrados a textos lineales que nos permiten ver la continuidad de una idea. Sin embargo en el pentateuco puedes estar leyendo acerca de la adoración comunitaria y en seguida saltas a un texto que te dice que hacer cuando se te cae tu animal a un hoyo, sigues adelante y estás leyendo acerca de qué hacer cuando te sale moho en la cocina y de pronto saltas a ver el tema de la menstruación de las mujeres... ¿qué significa esto?... Alan Hirsh en su obra "Los Caminos Olvidados" nos recuerda que para el hebreo cada aspecto de la vida debe ser sagrado, y realmente lo es en cuanto este aspecto se conecta con el único Dios. De ahí que el pentateuco tenga mucho sentido para una cultura que ha entendido que a Dios no solo se le adora en el tabernáculo, sino en el trabajo, en el descanso, en las tareas domésticas y en la vida sexual.
El reto para mí es ¿cómo ayudamos a nuestros jóvenes a vivir la realidad de que Jesús no es solo Señor en la reunión de alabanza sino que también lo es de mi sexualidad, de mi familia, de mis estudios y trabajo? No he tenido mucha dificultad en siete dias de campamento en ver a cien adolescentes cantando que Jesús es Señor de sus vidas (y no estoy diciendo que esto ocurra siempre con facilidad y sin la ayuda de una obra genuina del Espíritu Santo), sin embargo, cuando he sido capaz de hablar con estos adolescentes con sinceridad, me he dado cuenta que necesito orar y trabajar más para ayudarles a que vivan lo que cantan en medio de sus tiempos de ocio, en medio de sus hogares y en medio de sus lugares de estudios.
Me pregunto ¿Cómo he de enfocar los tiempos formales con ellos para que realmente les ayuden a vivir una espiritualidad integral?, ¿Hay tiempo informales en los cuales ellos pueden ver en mi cómo se vive el señorío de Cristo con la familia, en medio de los inmigrantes o sin techos del barrio, o mientras te tomas un refresco en el bar?, ¿Qué proceso he de tener en cuenta en mi labor como discipulador para que vivan bajo el señorío de Jesús y como me ayudan los eventos dentro del proceso?... Sospecho que necesitamos evaluar constantemente nuestros ministerios juveniles y pedir a Dios creatividad y valentía para andar "nuevos caminos" en nuestras agendas ministeriales y ver que los jóvenes experimentan a Dios más allá de nuestras reuniones y programas.
Que nuestro sueño sea ver las palabras de Pablo en Colosenses 3:23 encarnadas en las vidas de los jóvenes: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres" para que entiendan la adoración y el ser discípulos como un estilo de vida y qué el señorío de Cristo en ellos marquen una revolución que afecte cada área de la vida cotidiana.
Rubén Gómez Cuenca





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